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1898: El Ocaso de un Imperio

Por Francisco Javier Oubiña Oubiña

El USS Maine entrando en La Habana
El USS Maine entrando en La Habana en Febrero de 1898.

El Problema Cubano.

Uno de los problemas más importantes para los intereses españoles era el que planteaba la insurrección latente en sus últimas posesiones de Ultramar. En 1879 se había dominado una revuelta separatista en Cuba. Sus cabecillas, Máximo Gómez y Antonio Maceo, habían huido a Sudamérica al terminar lo que se llamó la guerra chiquita, pero en 1884 aparecen en los Estados Unidos donde encuentran amplias facilidades para dirigir nuevas sublevaciones. En 1892, otro separatista, José Martí, declara en Cayo Hueso (Estados Unidos) las bases de la Constitución de un Estado cubano independiente, y en 1895 estalla la revuelta general en Cuba mediante partidas que se organizan y arman en los Estados Unidos, y que son sostenidas desde territorio norteamericano por un intenso contrabando de armas.

El General Azcárraga, Ministro de la Guerra del Gobierno de Cánovas del Castillo, hace un gran esfuerzo y logra enviar a Cuba un ejército de unos 100.000 hombres en poco más de un año. Se nombra Capitán General de Cuba al General Martínez Campos que es sustituido al año siguiente por el General Valeriano Weyler, quien con mano dura, está a punto de hacer abortar la sublevación. Pero el problema de Cuba no era una simple revuelta sino que era algo mas complejo.

El separatismo cubano, tenía un origen hasta cierto punto natural, en el desgobierno de la metrópoli, que se manifiesta allí en el abandono de los problemas locales; en abusos de autoridades subalternas y en aspectos económicos fácilmente presentables como explotación por parte la metrópoli, Pero contaba además con el apoyo decidido de los Estados Unidos, deseosos de disponer de bases navales en las Antillas como seguridad de su Canal de Panamá, comenzado a construir en 1888.

El problema para conservar las posesiones españolas en las Antillas era, en primer término, un problema de buen gobierno. Era necesario pensar en la adopción de medidas que hiciesen desaparecer todas las apariencias o realidades de explotación de aquellos territorios, para que sus habitantes se sintiesen bien gobernados y justamente tratados. Esto había sido visto con claridad por Antonio Maura, quien, en 1893, siendo Ministro de Ultramar en un Gobierno Sagasta, había propuesto unas reformas autonomistas para Cuba, Filipinas y Puerto Rico que no fueron atendidas. Entonces quizá hubiera habido tiempo; después cuando en 1897 se concede a Cuba una amplia autonomía, ya fue demasiado tarde.

La segunda parte del problema era un problema militar, con un fundamental aspecto naval, que no se vio nunca en sus verdaderas dimensiones. Si los Estados Unidos estaban dispuestos a apoyar con todos sus medios a los separatistas cubanos (y eso era evidente aunque se cerraron los ojos para no verlo) podían hacer dos cosas:
    - Dar a las partidas cubanas ayuda en dinero, armas y material, que habría de llegar a la isla por medio del contrabando, o ...
    - en último extremo, intervenir directamente declarando la guerra a España.
Contra lo primero era preciso disponer en Cuba de buenas bases navales, bien pertrechadas y de una gran cantidad de unidades ligeras para hacer imposible todo contrabando. En previsión de lo segundo, había que procurarse una Flota capaz de enfrentarse en las Antillas contra la de los Estados Unidos, pues si éstos declaraban la guerra y no eran batidos en la mar, bloquearían la isla, haciendo imposible la llegada de recursos para las tropas españolas, y en cambio suministrarían de todo lo necesario a las partidas, llegando incluso a desembarcar contingentes de tropas norteamericanas.

En definitiva, el problema de Cuba, como el problema de Filipinas, cuya insurrección estalla con los mismos apoyos exteriores en 1896, tenía:
    - Un aspecto político: establecer un buen gobierno en aquellos territorios y la supresión de todo abuso.
    - Un aspecto diplomático: lograr apoyos exteriores que hiciesen abortar las posibles intenciones bélicas de los Estados Unidos.
    - Un aspecto militar, predominantemente naval: hacer imposible el sostenimiento de las partidas por medio del contrabando y, si fracasaban las gestiones diplomáticas y los Estados Unidos iban decididamente a la guerra, contar con una Flota capaz de enfrentarse con las fuerzas navales americanas en las Antillas y en Filipinas, lo que requería, no sólo contar con las unidades navales necesarias en ambas regiones, sino el disponer también en ellas de bases navales bien defendidas y pertrechadas.
El Estado de la Armada Española en 1898.

La situación de la Armada española al estallar la guerra de Cuba y la insurrección filipina estaba muy por debajo del mínimo indispensable para hacer frente al problema que se planteaba de defender unos territorios situados a tantos miles de millas de la metrópoli contra un enemigo poderoso. El problema naval español como tantos otros problemas nacionales, estaba no ya sin resolver, sino ni tan siquiera planteado, y lo raro hubiera sido lo contrario habida cuenta de la situación política del país. Desde 1833 a 1898 se suceden en España 84 Gobiernos distintos, tienen lugar varios cambios de régimen, varias revueltas civiles e innumerables pronunciamientos y algaradas callejeras. ¿Cómo podía haberse abordado el problema de la Armada, que requiere tiempo, continuidad, y perseverancia? Desde 1805, en que la flota española queda deshecha en Trafalgar, a 1898, pasan por la cartera de Marina nada menos que 140 Ministros, lo que corresponde a una media de un Ministro cada poco más de siete meses. ¿Qué labor medianamente seria pudo realizarse, sobre todo en una época que corresponde a una tremenda revolución en los armamentos? En estos años se pasa del navío de madera a vela al acorazado con propulsión a carbón; aparecen el torpedo, el torpedero, el destructor, se hacen las primeras experiencias sobre el submarino, etc. La oficialidad se mantuvo al día en esta evolución de la técnica de los armamentos navales y hasta se sitió en vanguardia en algunos aspectos. González-Hontoria inventa un cañón, Bustamante un torpedo, Villamil proyecta el "Destructor", e Isaac Peral construye su famoso submarino en 1888. Pero todo ello son esfuerzos que, por falta de una dirección y de un plan, que sólo el Gobierno pudo dar, no aportan rendimientos positivos.

En 1898, además de las dos fragatas blindadas "Numancia" y "Victoria" a las cuales se les había modernizado su armamento montándoles cuatro cañones de 160 milímetros y ocho de 140 milímetros, la Armada Española contaba con un acorazado, el “Pelayo" (que estaba en obras en Tolón), con los tres cruceros acorazados "Infanta María Teresa" (El "Princesa de Asturias" no estaba aun terminado), con el "Emperador Carlos V" y el "Cristóbal Colón" (al que le faltaba aun su artillería principal), con dos cruceros protegidos: el "Alfonso XIII" y el "Lepanto", con 16 cañoneros (algunos aun de madera), siete destructores, y 16 viejos torpederos. Esto era todo lo que disponía la Armada para hacer frente, en caso de guerra, a la Flota de los Estados Unidos en dos regiones tan separadas entre sí y lejos de la metrópoli, como Cuba y Filipinas, donde tampoco había bases navales dignas de tal nombre ni por sus defensas, ni por sus instalaciones (no había diques para los buques mayores), ni por sus abastecimientos, en especial de carbón de buena calidad, tan importante para lograr de los buques sus velocidades de proyecto.

Comparación de las fuerzas navales españolas con las de los Estados Unidos:

España
Estados Unidos
Acorazados
1
5
Monitores
0
6
Cruceros Acorazados
5
3
Fragatas Blindadas
2
0
Cruceros Protegidos
2
15
Cañoneros
16
16
Destructores
7
0
Torpederos
16
24

La inferioridad española en fuerzas navales frente a los Estados Unidos era a todas luces evidente. La Armada, por boca de sus oficiales más destacados, venía señalando desde mucho tiempo antes a los Gobiernos la gravedad de la verdadera situación. Pero los Gobiernos se sucedían con tal celeridad y estaban absorbidos por tantos problemas del momento, que no fue tomada ninguna medida de previsión con tiempo y sólo a última hora se decidió la compra del yate "Giralda" y de tres trasatlánticos alemanes que naturalmente no resolvieron ningún problema. Por otro lado, y como los oficiales de la Armada por un imperativo de subordinación, no podían explicar al pueblo la realidad de la situación, éste no sólo la desconocía, sino, lo que fue mas grave, creía otra cosa totalmente distinta. Al pueblo se le había dicho, por medio de una prensa insensata, que el poder militar de los Estados Unidos era muy escaso, que su Ejército sólo contaba con 30.000 hombres, que la marinería de sus buques era incapaz, y que sus bases navales no estaban en condiciones de hacer frente a los buques de la Armada española. Todo ello ante la estupefacción de los profesionales que conocían la verdadera situación.

La Explosión del "Maine".

El 4 de febrero de 1897, Cánovas concede una amplia autonomía a Cuba con la esperanza de que ello pueda resolver la cuestión, pero a la vez afirma que si la guerra sigue está dispuesto a luchar "hasta el último soldado y la última peseta". El Gobierno americano continúa formulando continuas protestas so pretexto de defender los intereses de sus súbditos y como manifestación de sus sentimientos humanitarios en relación con las medidas de represión tomadas por Weyler. La entereza de Cánovas y la energía de Weyler representaban indudablemente una grave dificultad en la marcha hacia el "desiderátum" norteamericano. El cabecilla Maceo había muerto en la acción de Punta Brava y la insurrección parecía decaer sensiblemente. En Washington se pensaba que siguiendo las cosas como iban el Capitán General de Cuba podía acabar con la insurrección, y que la posibilidad de una base naval en las Antillas se esfumaría si los Estados Unidos no intervenían directamente declarando la guerra. Pero, ¿cómo hacerla sin un pretexto de cierto peso y sobre todo sin preparar previamente a la opinión pública?

El 8 de agosto de 1897, el anarquista italiano Angiolillo asesina a Cánovas del Castillo en el balneario de Santa Agueda. ¿Quién puso el puñal en las manos de Angiolillo? Él no lo confesó y se llevó el secreto a la tumba, pero su crimen tuvo una importante repercusión en la marcha de la guerra de Cuba. Después de un Gobierno puente del General Azcárraga, el poder pasa a Sagasta, quien trata de contemporizar con los Estados Unidos. La primera manifestación de esta tendencia es el relevo de Weyler que es sustituido por el general Blanco.

El 25 de noviembre se promulga la Constitución autonomista de Moret, Ministro de Ultramar, pero Máximo Gómez la rechaza y anuncia que fusilará a cualquier emisario que se envíe para negociar. Sin embargo, el 1 de enero de 1898 se constituye en Cuba el primer Gobierno autónomo, y varias partidas manifiestan su deseo de someterse. Se empieza a concebir esperanzas, pero el Cónsul norteamericano en La Habana, Mr. Lee, entusiasta de la causa separatista y que gozaba de gran valimiento en Washington, queriendo sin duda dar alientos a los sublevados informa a su Gobierno del total fracaso de la autonomía y señala la conveniencia de enviar un buque de guerra a La Habana para proteger los intereses norteamericanos. Esta sugerencia es atendida por el Presidente MacKinley quien decide el envío a Cuba de dos buques de guerra. El 25 de enero entra en La Habana el crucero acorazado "Maine" y el 6 de febrero fondea en Matanzas el crucero protegido "Montgomery".

El Gobierno español, interpretando este envío como una muestra de buena voluntad, se apresura a devolver la visita enviando a New York los cruceros acorazados "Vizcaya" y "Oquendo".

En la noche del 15 de febrero de 1898, el "Maine" volaba en su fondeadero de La Habana. Las dotaciones de los buques españoles próximos acudieron, con riesgo de su vida, a salvar a sus compañeros de profesión, y el Comandante del "Maine", Capitán de Navío Sigsbee, telegrafiaba a su Gobierno dando cuenta del suceso, pero en términos tan ambiguos que podrían inducir a sospecha sobre la posible participación española en el accidente.

Una Comisión técnica americana, nombrada para informar sobre las causas del hundimiento del "Maine", sin querer atender a ninguna indicación por parte española, ni aceptar el trabajar conjuntamente con la Comisión española, dictaminó que la voladura había sido originada por la explosión de una mina submarina colocada bajo sus fondos, lo que entrañaba el intolerable insulto de que España era capaz de semejante acción.

Pese a los años transcurridos, aun hiere a los españoles aquella vil calumnia, que pudo ser confirmada cuando, terminada la guerra, se sacaron a flote los restos del "Maine" y pudo comprobarse que la explosión había sido interna y producida, sin duda, como en otros casos que se dieron en otras Marinas, por una combustión interna de una carbonera próxima a un pañol de municiones o por inestabilidad de las pólvoras. Por otra parte, la calumnia carecía de sentido común porque si a alguien perjudicaba la explosión del "Maine" era a España, que no tenía ningún interés (sino todo lo contrario) en ir a la guerra contra los Estados Unidos. Para declararles la guerra sobraban razones por su descarada intervención en la sublevación cubana, sin tener que recurrir a una acción impropia de españoles. En cambio, la voladura del "Maine" favorecía a los separatistas cubanos puesto que agravaba la tirantez de relaciones entre España y los Estados Unidos, y favorecía igualmente a los imperialistas norteamericanos, puesto que les daba un pretexto para preparar a su opinión pública a apoyar la decisión de declarar la guerra. Y la prueba de ello está en que el "amañado" dictamen de la Comisión investigadora se dilata el tiempo preciso para realizar los necesarios preparativos. El 25 de febrero se da orden al Comodoro Dewey de concentrar sus fuerzas en Hong Kong y de suspender los licenciamientos, y se ordena al "Oregón" que se dirija a las Antillas.

El 28 de marzo se publica el dictamen oficial de la Comisión y tras la declaración por las Cámaras americanas de la independencia de Cuba y el envío a España de un ultimatum que no se acepta, las hostilidades quedan rotas el 21 de abril de 1898.

Combate Naval de Cavite, 1 de mayo de 1898.

La insurrección de Filipinas, capitaneada, por José Rizal y, fue combatida con energía por el General Polavieja y después de la ejecución de Rizal, hubiera podido llegarse a la pacificación total del territorio si Polavieja hubiera contado con más medios, que solicitó y no le fueron concedidos. Esto determinó su relevo por el General Fernando Primo de Rivera, quién trató de llegar a la pacificación por medios políticos y, a presiones de Moret entonces Ministro de Ultramar, negoció el "Pacto de Biacnabató", en virtud del cual, mediante el pago de 400.000 pesos, el cabecilla Aguinaldo se comprometió a marchar a Hong-Kong con 35 dirigentes de la insurrección.

La paz pareció entonces asegurada hasta el extremo de que el 23 de enero de 1898 se cantó en Manila un Tedéum, pero, como no se llevaron inmediatamente a cabo las reformas que hubieran sido necesarias, la rebeldía siguió latente y estalló de nuevo al declarar la guerra los Estados Unidos.

El Comodoro Dewey se encontraba en Hong-Kong, al mando de una escuadra compuesta por cuatro cruceros protegidos y dos cañoneros, con la misión de atacar las Filipinas en caso de guerra con España. El 6 de abril recibió un telegrama que decía: "Echar fuera todo el maderamen", lo que significaba que el momento de ejecutar esta misión estaba próximo. Tras declararse la guerra se trasladó a la bahía de Mirs el 27 de abril, para salvar los escrúpulos neutralistas de Inglaterra, y se preparó para un ataque que no entrañaba para él ningún riesgo porque las fuerzas navales que España mantenía en Filipinas a las órdenes del Contraalmirante Patricio Montojo no tenían prácticamente ningún valor frente a las suyas. Frente a cuatro cruceros protegidos armados con cañones de 203 milímetros y de dos cañoneros con cañones de 152 milímetros, los siete cañoneros de Montojo sólo montaban artillería de 120 milímetros, salvo los cuatro cañones de 150 del viejo "Castilla", que en realidad no era más que un pontón de madera porque su máquina no estaba en condiciones de funcionar, y en las mismas circunstancias se encontraba el "Antonio de Ulloa" que sólo tenía dos cañones de 120 milímetros.

CARACTERÍSTICAS DE LOS BUQUES ESPAÑOLES EN EL COMBATE DE CAVITE
Año de
botadura
Desplazamiento
Velocidad
efectiva
Armamento
Dotación
Observaciones
Reina Cristina 1886
3.000 tm
10 nudos
6 x 120 mm
3 x 57 mm
8 x 37 mm
3 x 350 mm torpedos
331
Castilla 1869
3.300 tm
cero
4 x 150 mm
4 x 42 mm
2 x 350 mm torpedos
278
Era de madera
y no podía mover
la máquina
Isla de Cuba 1886
1.046 tm
10
4 x 120 mm
3 x 57 mm
2 x 37
3 x 350 mm torpedos
146
Isla de Luzón 1886
1.046 tm
10
4 x 120 mm
3 x 57 mm
2 x 37
3 x 350 mm torpedos
148
Antonio
de Ulloa
1887
1.152 tm
Cero
2 x 120 mm
2 x 350 mm torpedos
37
No podía utilizar
la máquina
Don Juan
de Austria
1887
1.152 tm
13
4 x 120 mm
2 x 40 mm
4 x 37
2 x 350 mm torpedos
155
Marqués
del Duero
1880
500 tm
10
1 x 160 mm
2 x 120 mm
85
Cañón de 160
de avancarga y
2 de bronce

CARACTERÍSTICAS DE LOS BUQUES NORTEAMERICANOS EN EL COMBATE DE CAVITE
Año de
botadura
Desplazamiento
Velocidad
efectiva
Armamento
Dotación
Observaciones
Olympia ------- 1892
5.580 tm
19 nudos
2 x 203 mm
10 x 127 mm
10 x 57 mm
6 x 350 mm torpedos
454
Baltimore 1880
4.600 tm
19 nudos
2 x 203 mm
4 x 152 mm
5 x 350 mm torpedos
402
Boston 1884
3.189 tm
15 nudos
2 x 203 mm
4 x 152 mm
2 x 57 mm
274
Raleigh 1892
3.140 tm
18 nudos
1 x 152 mm
10 x 27 mm
8 x 57 mm
4 x 350 mm torpedos
297
Concord 1890
1.700 tm
16 nudos
6 x 152 mm
6 x 57 mm
6 x 350 mm torpedos
297
Petrel 1888
800 tm
12 nudos
4 x 152 mm
4 x 37 mm
297

Por otra parte la base naval de Cavite no tenía prácticamente ninguna defensa. Situada en el fondo de la bahía de Manila, cuya boca no tenía artillería ni podía cerrarse con torpedos de fondo por la profundidad que en ella existe, su defensa artillera se limitaba a cinco cañones Hontoria de 150 milímetros montados en Punta Sangley porque los demás eran de avancarga y no tenían prácticamente ningún valor. Desde muchos años antes se había pensado en trasladar la base a la bahía de Subic, pero sólo a última hora se decidió el traslado desmontando cuatro cañones Hontoria de Punta Sangley para llevarlos a Subic.

Al declararse la guerra, Montojo, que sabía que había de ser atacado, y que no habiéndole llegado los torpedos reiteradamente solicitados comprendía la indefensión de Cavite, se dirigió con los buques que podían moverse a Subic, pero al llegar allí se encontró con que los cañones no estaban montados aún y no tuvo otra solución que ordenar su destrucción para que no cayeran en poder del enemigo y volver a Cavite para defenderse como mejor pudiera.

Contralmirante Montojo Comodoro Dewey
Contralmirante Montojo (Izquierda) - Comodoro Dewey (Derecha)

Habida cuenta de la situación, en la que Montojo no tenía la más mínima culpa y de la que iba a ser la víctima, su decisión fue irreprochable desde el punto de vista militar. Puesto que contaba con un único cañón de 150 milímetros en Punta Sangley, con otros cuatro del mismo calibre en el "Castilla" (que era tan inamovible como la Punta Sangley) y con los dos de 120 en el "Ulloa" que tampoco podía moverse, y como la velocidad de las demás unidades era notablemente inferior a la del enemigo, toda su posible maniobra de combate consistía en concentrarse al lado de Punta Sangley, esperar allí la llegada del enemigo, y combatir hasta que materialmente se deshiciesen sus pobres cañoneros. ¿Qué más podía hacer y quién hubiera podido hacer más? Al amanecer del día 1 de mayo de 1898, la escuadra de Dewey, formada en línea de fila ("Olympia", "Baltimore", "Petrel", "Raleigh", "Concord", “Boston"), entró por la boca grande de la bahía de Manila, entre Corregidor y el Fraile, y se dirigió a Manila. La batería de Punta Sangley hizo fuego cuando pudo y entonces los americanos viraron hacia Cavite donde esperaban en línea de fuera a dentro y parados, los "Cristina" (insignia de Montojo), "Castilla", "Cuba", "Luzón", "Ulloa", "Austria" y "Duero".

Las artillerías en presencia eran:

- Cañones norteamericanos: 10 de 203 milímetros, 19 de 152, 20 de 127 y 30 de 57.

- Cañones españoles: 4 de 150 milímetros, 22 de 120 y 7 de 57.

Al llegar a unos 5.000 metros, los "Baltimore" y "Boston" rompieron el fuego sobre el "Cristina", que en poco tiempo quedó incendiado, con varias piezas inutilizadas y una enorme cantidad de bajas. A pesar de ello trató de abordar al "Olympia”, pero antes de llegar a conseguirlo quedaron inutilizadas sus calderas y sus cañones fuera de servicio. El Almirante cambió entonces su insignia al "Isla de Cuba", mientras el "Cristina" se hundía con 41 muertos entre ellos su Comandante, Luis Cadarso, y 210 heridos lo que representaba un 75% de bajas. Los demás buques fueron siguiendo poco a poco la misma suerte. El “Castilla” combatió dos horas hasta que se hundió ardiendo. Al “Ulloa” le sucedió lo mismo. El resto de los buques, agotadas sus posibilidades de combatir, se dirigieron entonces hacia Bacoor y fueron destruidos por orden del Almirante para que sus restos no pudieran caer en poder del enemigo.

Combate de Cavite

El resultado del tiro americano realizado entre 5.000 y 2.000 metros
de distancia fue el siguiente:

Calibre
Disparos
Blancos
Porcentaje
203 mm
157
14
9%
152 mm
635
7
1%
127 mm
622
22
3,5%
57 mm
2.124
31
1,5%
37 mm
2.321
19
1%

Los resultados más eficaces fueron los de la artillería de 203 milímetros que fue la que más daño causó. El resto fue bastante mediocre, pues de un total de 5.859 disparos sólo se obtuvo un promedio de 1,5% de impactos.

En cuanto a los daños materiales en los buques norteamericanos, el “Baltimore” recibió cinco impactos, el “Boston” otros tantos, 13 el “Olympia”, y uno el “Petrel”, otro el “Raleigh” y ninguno el “Concord”.

Las bajas por ambas partes fueron las siguientes:

- De 1.965 españoles: 167 muertos y 214 heridos.
- De 1.734 americanos: 9 heridos.

Estos resultados dicen más claramente que cualquier razonamiento lo que en realidad fue el combate de Cavite: por parte norteamericana un ejercicio de tiro que entrañaba algún riesgo; por parte española una verdadera catástrofe consecuencia de la imprevisión y el desgobierno.

Como consecuencia del combate, Cavite quedó en poder de los norteamericanos, pero para atacar Manila éstos esperaron aun hasta agosto concentrando en el bahía varios monitores y un ejército de 6.000 hombres a las órdenes del General Merrit. El 16 de julio llegó a la bahía una escuadra alemana al mando del Almirante Diedrichs con intención de intervenir, pero desistió al saber que Inglaterra estaba dispuesta a apoyar a los Estados Unidos. El 7 de Agosto comienza el ataque a Manila que capitula el día 13.

La Escuadra de Cervera.

El 20 de octubre de 1897 se dio el mando de la Escuadra, vacante al ser nombrado Segismundo Bermejo Ministro de Marina del Gobierno Sagasta, al Contraalmirante Pacual Cervera Topete.

El Almirante Cervera tenía un merecido prestigio y una brillante hoja de servicios que prácticamente se inicia en 1861, cuando a los 22 años es ascendido a Teniente de Navío por méritos de guerra como consecuencia de su comportamiento en el ataque a la “cotta” de Pagalugán (Mindanao) a las órdenes de Méndez Núñez. Tiene varios mandos en Cuba que desempeña con extraordinaria eficacia. Se destaca en la defensa del Arsenal de La Carraca y en Cartagena a las órdenes del Almirante Lobo durante los cantonales, lo que le vale que las Cortes le declaren Benemérito de la Patria el 11 de agosto de 1973. Vuelve a Filipinas en 1874 y toma parte en la campaña de Joló, siendo Gobernador de Joló hasta 1876. Después de varios destinos embarcado y en tierra, en la Península se le designa para presidir la Comisión inspectora de la construcción del acorazado “Pelayo” en 1885, y más tarde en 1892, Director Técnico Administrativo de los Astilleros del Nervión donde han de construirse los tres “Infanta María Teresa”. En el “Gobierno de notables” de Sagasta de 1892, se le nombra Ministro de Marina, cargo que acepta por indicación de la Reina Cristina de la que había sido ayudante una temporada, pero con la condición de que no le reduzcan el presupuesto y le consientan organizar los arsenales para darles la debida eficacia. Como no puede conseguir lo que pretende, a los tres meses presenta la dimisión, y es enviado a la Comisión de Marina en Londres, pasando, al ascender a Contraalmirante, al Arsenal de Cartagena donde pone todo su empeño en adelantar la construcción del “Princesa de Asturias” (1896) que está aun sin terminar cuando es nombrado Comandante General de la Escuadra. Amante de su profesión y de gran competencia en la misma, la característica más destacada de esta ejemplar figura de la Armada Española es el alto espíritu de servicio que le inspira su acendrado patriotismo. Entiende que cumplir con su deber es trabajar al máximo en todos sus destinos, exponer a sus superiores con toda honradez y claridad sus opiniones y, le hagan o no caso, cumplir después las órdenes recibidas con toda exactitud hasta sus últimas consecuencias.

Cuando toma el mando de la Escuadra, ésta está constituida por los cruceros “Vizcaya”, “Oquendo”, “María Teresa” y “Colón”, y su situación en punto de eficacia dejaba bastante que desear. Al “Colón” le faltaban aún sus dos cañones Armstrong de 254 mm por un viejo pleito con la casa constructora que llevaba años sin resolverse. Los cañones de mayor calibre de los otros cruceros no habían disparado más que los tiros de pruebas. La artillería de 140 milímetros de estos tres buques tenía un serio defecto en los casquillos de los proyectiles, pues eran demasiado gruesos en sus culotes, lo que hacía que cerrasen mal con el consiguiente riesgo de accidentes y de inutilización de las piezas al abrir fuego. En cuanto a las posibilidades de refuerzo de esta Escuadra, el “Pelayo” estaba modernizándose en “Tolón”, y el “Carlos V”, la “Numancia”, la “Victoria” y el “Alfonso XIII” sometidos a grandes reparaciones, que van lentas y han de durar bastante tiempo.

Al tomar el mando de una Escuadra en estas condiciones y con su peligro de guerra de inmediato, el Almirante Cervera se apresura a pedir al Ministro, que debía conocer la situación puesto que acababa de dejar el mando, la autorización para trasladarse a Santa Pola a fin de dedicarse a intensos ejercicios tácticos de tiro, lo cual se le consiente, pero con la ministerial recomendación de no gastar mucho ni en carbón ni en disparos. La Escuadra llega a Santa Pola a finales de noviembre, pero el “Oquendo” tiene una avería en los condensadores y tiene que entrar en obras, y en enero es enviado con el “Vizcaya” a Norteamérica para devolver la visita del “Maine”, y como al “Colón” se le separa de la Escuadra por la cuestión de sus cañones, ésta queda en cuadro.

El 12 de Febrero el Almirante Cervera escribía al Ministro:

    “Como no ceso de pensar en la posible guerra con los Estados Unidos, creo que sería muy conveniente que se me dieran los informes posibles de lo siguiente:

    1. Como están distribuidos los buques de los Estados Unidos y movimientos que hagan.

    2. Donde tienen sus puertos de aprovisionamiento.

    3. Cartas, planos y derroteros de lo que pueda ser teatro de operaciones

    4. Que objetivos han de tener las operaciones de esta escuadra ya sea la defensa de la Península y Baleares, ya sea de Canarias o la de Cuba, o, por fin, el caso improbable de que fuesen las costas de los Estados Unidos, cosa que no podría ser, a menos de contar con algún aliado poderoso.

    5. Planes que el Gobierno tenga en cada caso para la campaña; puntos donde la escuadra pueda encontrar recursos y cuáles sean porque es extraño que aquí, por ejemplo (se refería a Cádiz), no haya encontrado beta de cuatro pulgadas, ni tubos de nivel para calderas, ni otras cosas tan sencillas como éstas. También creo conveniente saber para cuando se cuenta con el "Pelayo", "Carlos V", "Victoria" y "Numancia", y si éstos han de incorporarse a la Escuadra o formar cuerpo independiente de ella, y cual sea la combinación suya con nosotros. Con el conocimiento de estas cosas podría yo ir estudiando lo que convenga hacer y, llegado el día crítico, se emprendería sin vacilación la conducta que nos convenga seguir, tanto más necesario para nosotros cuanto que su Marina es cuatro veces más fuerte que la nuestra y cuentan con la alianza de la insurrección de Cuba".

El Ministro Bermejo contestaba a esta carta, tres días después, con lo siguiente:

    "Sobre la Escuadra, deseo sacarla del Departamento, pero es difícil por el momento, hasta ver que se resuelve sobre el "Colón", pues me parece que con menos de tres buques no debe ostentarse una insignia de Contraalmirante. A ella se agregarán el "Pelayo" y el "Carlos V" y el día que esto acontezca, su fuerza se ha multiplicado todo lo que está a nuestro alcance.

    "Pasando sobre sus consideraciones de la guerra con los Estados Unidos, expresaré a usted mi pensamiento. En la Península y en las proximidades de Cádiz, quedará una división compuesta de la "Numancia", "Victoria" Y "Alfonso XIII" o "Lepanto", los tres destroyers "Audaz","Osado" y "Proserpina", y tres torpederos. En Cuba, "Carlos V", "Pelayo", "Colón", "Vizcaya", "Oquendo", "María Teresa" tres destroyers 'y tres torpederos que, unidos a los ocho buques principales del Apostadero, tomarán la posición de cubrir las comunicaciones entre el Seno Mejicano y el Atlántico, procurando destruir Cayo Hueso, donde tiene hoy principalmente su depósito de víveres, municiones y carbón la Escuadra de los Estados Unidos. Si esto se consiguiese, y la estación fuese favorable podría el bloqueo extenderse sobre sus costas del Atlántico, para cortar sus comunicaciones y comercio con Europa; todo esto salvo las contingencias que puedan resultar de encontrar usted combates en que se decidirá quien puede quedar dueño del mar..."

La Marina norteamericana contaba, en aquellos momentos con cinco acorazados, seis monitores, tres cruceros acorazados, 15 cruceros protegidos, 16 cañoneros, y 24 torpederos. En estas condiciones, con el "Pelayo", el "Carlos V", la "Victoria" la "Numancia" y el "Lepanto" en grandes reparaciones, que no se sabía cuando terminarían, siendo los buques de Cuba como los de Cavite cañoneros sin ningún valor militar, con el "Colón" sin artillería gruesa y con sólo 300 proyectiles útiles para los cañones de 140 milímetros de los "María Teresa", ¿cómo es posible que el Ministro de Marina pudiese pensar en serio en la posibilidad de bloquear a los Estados y de disputarles en sus aguas el dominio del mar?

En estas circunstancias tiene lugar la voladura del "Maine" y se ordena a Cervera que salga con el "María Teresa" y el "Colón" (sin cañones todavía) para Cabo Verde, donde se le reunirán el "Vizcaya" y el "Oquendo" (que regresan de su visita a los Estados Unidos) y la flotilla de torpederos de Villamil.

Cervera solicita trasladarse a Madrid para concretar con el Ministro lo que habría de hacerse en el caso de una guerra que se veía inminente y recibir instrucciones precisas, pero el Ministro rehuye el diálogo, que indudablemente no encuentra fácil y reitera la orden, agregando que las instrucciones se le mandarán mas tarde, y Cervera se hace a la mar el 8 de abril.

El 14 se encuentra ya en Cabo Verde a los torpederos "Ariete", "Halcón" y "Rayo" y a los destructores "Terror", "Furor" y "Plutón", que manda Villamil. El 18 llegan el "Vizcaya" y el "Oquendo", el primero con su velocidad reducida porque lleva demasiado tiempo sin limpiar sus fondos, y el carbonero "San Francisco", con 2.000 toneladas de carbón y las famosas instrucciones, que se limitan a un simple oficio en el que se dice al Almirante, sin más concreciones, que salga para las Antillas, a Puerto Rico u otro puerto cualquiera, para llevar a cabo allí la defensa marítima de aquello.

El 20 de abril llega un telegrama del Ministro que dice: "Comisión mixta Cámaras americanas aprobaron intervención armada, declarando Cuba libre. Créese firmará hoy Presidente la resolución. Conviene alistarse". Esto evidentemente era la guerra, y el "conviene alistarse" no podía interpretarse más que como una reiteración de salir para las Antillas.

Para Cervera era de toda evidencia que enviar aquellos cuatro buques a las Antillas, donde además de no existir ninguna base digna de tal nombre habrían de enfrentarse con fuerzas navales considerablemente superiores, era condenar a la Escuadra a una destrucción segura que no sólo no reportaría ningún beneficio a la defensa de Cuba sino que por el contrario serviría al enemigo en bandeja un fácil triunfo, le pondría en condiciones de tratar de imponer mayores exigencias y nos privaría de unos buques que podrían hacer falta en la Península, Baleares o Canarias, si éstas eran atacadas posteriormente. No obstante, Cervera, queriendo contrastar su criterio, convocó Junta de Comandantes y les pidió su parecer. La Junta, que se reunió abordo del "Colón" y estuvo constituida por el segundo Jefe de la Escuadra, Capitán de Navío de primera José Paredes y los Capitanes de Navío Joaquín Bustamante, Jefe de Estado Mayor; Víctor Concas, Comandante del “María Teresa”; Emilio Díaz Moreu Comandante del "Colón"; Antonio Eulate, Comandante del "Vizcaya”; Juan Bautista Lazaga, Comandante del “Oquendo" y Fernando Villamil, Jefe de la Flotilla, formuló por absoluta unanimidad su dictamen de plena conformidad con el parecer del Almirante, proponiendo que la Escuadra esperase de momento en Canarias la marcha de los acontecimientos.

El telegrama transmitiendo esta opinión de la Junta de Comandantes llegó al Ministerio el día 21; pero Bermejo, aferrado a su idea contestó el mismo día: "Como Canarias está perfectamente asegurada y conoce V.E. telegrama de Washington sobre próxima salida de Escuadra volante, salga con todas sus fuerzas par proteger Puerto Rico; que está amenazada, siguiendo la derrota que V.E. trace, teniendo presente la amplitud que las instrucciones le conceden y que le renuevo. La frase salgo para el Norte, me indicará su salida, debiendo ser absoluta la reserva sobre sus movimientos". Cervera no estaba todavía listo porque no había terminado de carbonear y como tiene tiempo insiste: "Suplico, a V.E. que me permita insistir en lo desastroso que conceptúo las consecuencias de nuestro viaje a América para el porvenir de la Patria; así opinan todos estos hombres de honor; suplico a V.E. que lea este telegrama, así como toda mi correspondencia oficial y confidencial, al Presidente del Consejo para tranquilidad de mi conciencia".

Bermejo quedó impresionado ante este telegrama y pudo hacer dos cosas: rectificar su orden o, si estaba convencido de que lo que había mandado era lo mas conveniente, pedir al Presidente del Consejo el relevo del Comandante General de la Escuadra y el mando para él de la misma; pero en lugar de esto comunicó a Cervera que esperara instrucciones, y convocó, el 23 de abril, una reunión de todos los Almirantes que había en Madrid, con o sin destino, desde el Almirante Chacón al Capitán de Navío de primera Auñón, que era el más moderno, a los que, sin más antecedentes, formuló esta pregunta: “Partiendo del estado actual de la guerra y de la situación de nuestras fuerzas navales en Europa y cabo Verde ¿qué movimientos deberá ordenárseles?

Auñón, que fue el primero en contestar en razón de su antigüedad lo hizo en el sentido de que la Escuadra debía salir para Puerto Rico, enviando a la Península los tres torpederos, pero que lo antes posible debería ser reforzada con todos los buques disponibles. Los demás; con ligeras variantes, pero insistiendo todos en la necesidad dé reforzar la Escuadra, contestaron en igual forma salvo el Contraalmirante Manuel Mozo, quien formuló su voto por escrito diciendo: "Si el Gobierno de Su Majestad, por razones de interés supremo de la Patria entiende que la Escuadra debe salir, inmediatamente para Puerto Rico, el General que suscribe, también lo cree. De otro modo, considera que dicha Escuadra debe ser reforzada, porque tiene la misma convicción del desastre que prevé su Almirante..."

Ninguno de los que opinaron en contra del criterio de Cervera y de sus Comandantes pidió el mando de la Escuadra, ni el Ministro se lo ofreció, sino que se limitó a poner al Almirante el siguiente telegrama: "Oída Junta de Generales de Marina, opina ésta que los cuatro cruceros y los tres destroyers salgan urgentemente para las Antillas. La derrota, recalada, casos y circunstancias en que V.E. debe empeñar o evitar combate quedan a su más completa libertad de acción. En Londres tiene a su disposición 15.000 libras. Los torpederos deben regresar a Canarias con los buques auxiliares. La bandera americana es enemiga".

La Marcha hacia las Antillas.

Cervera había agotado sus argumentos, y era el momento de cumplir la orden. El 29 de abril, al amanecer, tras telegrafiar a Madrid "Salgo para el Norte", la Escuadra se hizo a la mar tomando cada crucero (menos el "Vizcaya" que era el de menor andar) un destructor a remolque, a fin de reducir el consumo de carbón de éstos y el desgaste de sus delicadas máquinas.

Cervera conocía la importancia de la Flota norteamericana, sabía que estaban en guerra, pero no sabía nada más, y de momento su problema consistía en llegar a un puerto de las Antillas para carbonear, informarse de la situación y obrar en consecuencia. Pensando lógicamente que el enemigo bloquearía Puerto Rico y la costa norte de Cuba, optó por hacer inicialmente un rumbo de despiste hacia las Canarias, y posteriormente durante la noche arrumbó para entrar en el mar de las Antillas por el Sur a fin de navegar por las derrotas menos frecuentadas. Su velocidad, con los destructores a remolque, y por el estado de los fondos del "Vizcaya", no era superior a los siete nudos.

El 10 de mayo, estando a una singladura de la Martinica, destacó a Villamil con los destructores "Furor" y "Terror" a Fort de France para informarse sobre la situación. Al día siguiente aparece el "Terror" que se ha quedado sin movimientos por una grave avería en calderas, y la Escuadra se mantiene en la mar esperando la salida de Villamil con el "Furor". Este se incorpora en la madrugada del 12 y Villamil informa al Almirante que toda la costa norte de Cuba está bloqueada; que Sampson está sobre Puerto Rico (al que ha bombardeado el día 9); que Dewey ha destruído a la Escuadra de Montojo en Cavite; que el Gobernador de Fort de France no sólo no le ha dado ninguna facilidad sino que ha pretendido detenerlo so pretexto de que hacía menos de veinticuatro horas que había salido un buque americano, y que el único puerto de Cuba que al parecer no estaba bloqueado era el de Santiago. Con esta información y habida cuenta de que los buques estaban casi sin carbón y de que se le había anunciado que tendría un carbonero con 5.000 toneladas en Curaçao, arrumbó a esta isla, después de dejar al averiado "Terror' en Fort de France. El día 14 llegó a Curaçao, pero ni estaba allí el carbonero anunciado, ni el Gobernador autorizó más que la entrada de dos buques, agregando que no podrían hacer más que 600 toneladas de carbón.

La falta de un plan de operaciones que con tanta insistencia se había interesado el Almirante empezaba a rendir fatales consecuencias. Villamil había puesto un telegrama en Fort de France en nombre del Almirante, y Bermejo, interpretando que la Escuadra estaba en Fort de France, dio la orden de que el carbonero se dirigiera a este puerto en lugar de a Curaçao, con lo que Cervera no encontró allí el carbón que tanto necesitaba. Pero la fatalidad quiso aun algo peor. El día 12, cuando Cervera navegaba hacia Curaçao, Bermejo le dirige un cable a Martinica que dice: "Desde su salida han variado las circunstancias. Se amplían sus instrucciones para que, si no cree que esa Escuadra opere ahí con éxito, pueda regresar a la Península, reservando su derrota y punto de recalada, con preferencia Cádiz. Acuse recibo y exprese su determinación". Cervera no conoció este telegrama hasta después de terminada la guerra.

derrota de la escuadra Cervera en las Antillas

El día 16 de mayo, embarcadas las 600 toneladas que únicamente autorizó el Gobernador de Curaçao, Cervera se encontró con el carbón justo para llegar a Santiago de Cuba hacia donde arrumbó pasando en la noche del 18 por el freu entre Jamaica y Haití, donde los cruceros españoles vieron los proyectores de dos buques (los cruceros auxiliares rápidos "Saint Paul" y "Harward" que estaban allí de vigilancia), sin que éstos les vieran a ellos, y llegaron el 19 de mayo a Santiago de Cuba quemando el último carbón que les quedaba.

Los norteamericanos habían montado desde el momento de comenzar la guerra un dispositivo consistente en: la Escuadra de Sampson, con dos acorazados, un crucero, dos monitores y dos carboneros, entre Cuba y Haití, vigilancia en la costa norte de Cuba, vigilancia al este de la línea Barbados-Dominica y vigilancia entre el freu Jamaica-Haití, pese al cual, y gracias a la maniobra del Almirante, su Escuadra se metió en Santiago sin que el enemigo tuviera la menor noticia de sus movimientos durante casi veinte días.

La situación en Santiago de Cuba.

La situación en Santiago de Cuba, que Cervera desconocía, no era nada apropiada para que la Escuadra estableciera allí su base. El puerto es un buen puerto natural, pero la defensa artillera de la boca era mínima, dado que se limitaba dos piezas de 160 milímetros desmontadas del viejo crucero "Reina Mercedes”, cinco cañones de bronce que se cargaban por la boca repartidos entre el Moro y Socapa, dos obuses Mata de 150 milímetros y dos Krup de 90 emplazados en Punta Gorda. La guarnición, bloqueada por tierra por las partidas cubanas, estaba carente de víveres y de medicamentos, y aunque con un admirable espíritu, en lamentable estado físico, situación que había de agravarse cuando los cerca de 2.300 hombres de la Escuadra consumiesen las raciones que traían a bordo.

Era preciso salir de allí con urgencia, antes de que el enemigo concentrarse sus fuerzas en la boca del puerto, y dirigirse a Puerto Rico o a La Habana, si ello era posible. Pero lo primero que hacía falta para salir era rellenar carbón pues los buques habían llegado barriendo carboneras. En el puerto existían 2.000 toneladas de carbón de no muy buena calidad, pero no se disponía de ningún medio para embarcarlas y aunque el carboneo comenzó inmediatamente la falta de estos medios hizo que pese al agotador esfuerzo de las dotaciones no se pudiese embarcar en cada día más que el carbón indispensable para el consumo. Cabía la posibilidad de salir con el carbón justo para llegar a Puerto Rico, pero las informaciones que se tenían sobre los movimientos y entidad de las fuerzas enemigas hacían suponer que lo más probable sería encontrárselas y tener que combatir, y ¿era prudente correr esta eventualidad con las carboneras casi vacías? A finales del mes de mayo ya no había duda sobre la posibilidad de encontrarse con el enemigo porque la Escuadra de Sampson estaba delante de Santiago de Cuba y el bloqueo de éste por mar había comenzado.

Las artillerías respectivas en presencia eran:

    - Cañones norteamericanos: ocho de 330 milímetros, seis de 305, 38 de 203, 12 de 152, 12 de 127, 16 de 102 y 76 de 57.

    - Cañones españoles: seis de 280 milímetros, 10 de 152, 40 de 140, cuatro de 75 y 28 de 57.

La superioridad norteamericana, sobre todo si se tienen en cuenta las situaciones respectivas de protección era evidentemente aplastante. Por otra parte, la escuadra norteamericana colocándose fuera del alcance de la débil artillería de las baterías de los fuertes podía batir a éstos con su artillería pesada sin correr el más mínimo riesgo.

¿Cómo salir de aquella ratonera? Durante el día, los norteamericanos se mantenían a distancias de la boca que les permitía romper el fuego sobre el primer buque que apareciese en ella. Por la noche mantenían un acorazado iluminando la boca con sus proyectores sin que la artillería de la plaza tuviese alcance para obligarle a retirarse. Salir de día era enfrentarse con una fuerza notablemente superior en las peores condiciones, sin la más mínima posibilidad de maniobra de ningún tipo, dado que los buques podrían ser batidos uno a uno al ir saliendo y los tornos de la boca obligaban a salir forzosamente en estas condiciones. Salir de noche era aun peor porque para no evitar el ser vistos, la maniobra en los tornos, deslumbrados por los proyectores, forzosamente tenía que ser más lenta y mayor la separación entre buques, con lo que la destrucción de éstos uno a uno se hacía más fácil. Cabía esperar aun mal tiempo. El mal tiempo obligaría al enemigo a abandonar la zona y desbloquearía el puerto, pero el mal tiempo bloquearía también a los buques de Cervera, porque en la misma boca había una laja a una profundidad de sólo 25 centímetros más que el calado del "Colón” y era evidente que, con marejada, éste tocaría en ella y se quedaría allí.

En la noche del 1 al 2 de junio, los norteamericanos trataron de obstruir la entrada de Santiago hundiendo en ella al carbonero "Merrimac", pero al aproximarse éste fue atacado por las baterías del "Mercedes" acoderado en Cayo Smith y por los torpedos del "Plutón" de guardia en la boca, y el buque se hundió sin obstruir la entrada quedando prisionera su dotación compuesta por el Comandante Hobson y siete hombres más.

El día 6 junio tras un bombardeo de la escuadra americana a las baterías de la plaza (que no sufrieron gran cosa pese a los 8.000 disparos que contra ellas se hicieron), Cervera telegrafiaba al Ministro que ahora era el Contraalmirante Auñón el cual había relevado a Bermejo hacia poco: "Temo que el enemigo llegue a obstruir la boca del puerto; nosotros no podemos impedirlo por su gran superioridad. Suplico. a V.E. instrucciones". El día 8 el Ministro responde: "Siendo imposible prever y resolver desde aquí con oportunidad todos los casos que pueden ocurrir en la campaña, el Gobierno, que conoce los medios de que V.E. dispone, las cualidades que le adornan y las amplias facultades de que está investido, confía en que hará de ellas, el uso más acertado en cada caso y estimará que ha llenado su difícil misión si deja satisfechas la letra y el espíritu de nuestras Ordenanzas”.

De la idea que tenía el Gobierno sobre la situación en que Cervera y Santiago de Cuba se encontraban es un claro exponente el telegrama puesto por el General Correa, Ministro de la Guerra al General Blanco, Capitán General de Cuba, en aquellos días, que decía. así: "La situación muy seria de Filipinas nos obliga a mandar allá buques y refuerzos de tropas tan pronto como sea posible. Con objeto de poder contender con la escuadra del enemigo en Manila, será indispensable mandar allí una escuadra que no sea inferior. Ahora hay allí sólo dos buques de guerra, y uno de ellos creo que no puede pasar el canal. La única cosa que podemos hacer es enviar todos los barcos de la escuadra de Cervera que puedan salir de Santiago; pero antes de adoptar una resolución en este sentido, el Gobierno desea conocer su opinión con respecto al efecto que podría producir en el pueblo de Cuba la retirada de la escuadra de Cervera. Este movimiento sería tan solo temporal, y, una vez conseguido el objeto de Filipinas, la escuadra volvería a Cuba sin pérdida de tiempo y fuertemente reforzada". Los comentarios sobran... Si un miembro del Gobierno, y militar además, creía factible que Cervera saliera de Santiago, llegase a Filipinas, derrotase a Dewey, y regresase a Cuba "sin pérdida de tiempo y fuertemente reforzado" ¿qué tenía de raro que el pueblo, al que se había repetido en la Prensa hasta la saciedad que el poder militar norteamericano era un birria, se extrañase y hasta se indignase de que la escuadra de Cervera no saliese para "barrer" a los buques de Sampson?

El Desembarco norteamericano en Daiquiri.

Para acabar con la escuadra de Cervera que había concentrado sobre Santiago de Cuba toda la actividad Militar norteamericana, la Marina de los Estados Unidos pide el apoyo del Ejército. Se trata, de que éste desembarque y ocupe por tierra la plaza. Los transportes empiezan a llegar hacia el 19 de junio y el desembarco comienza el 22 en Daiquiri a 30 millas al este de Santiago, mientras la escuadra realiza un fuerte bombardeo contra las defensas de la plaza y se amaga con otro desembarco en las Cabañas. Las fuerzas desembarcadas comprendían un total de 15.000 hombres, a las órdenes del General Schafter, contra el que el General Linares no puede mandar más que tres compañías, sin artillería de campaña porque no la tiene, y que sólo consiguen obstaculizar el desembarco replegándose después a la línea de defensa de la plaza.

Desde el día 11, Cervera, a petición del General Linares había puesto en tierra las columnas de desembarco de los buques al mando del Capitán de Navío Bustamante que se establecen con el Ejército en línea de defensa de Santiago, y el 22 desembarca más gente, hasta completar un total de 1.000 hombres, empleando todos cuantos fusiles hay en los buques.

El ataque tiene lugar el día 1 de julio. 3.500 hombres, con el General Lawton, atacan el Caney, que es defendido por 520 españoles a las órdenes del General Vara de Rey. Cuando sólo quedan 80 y ha muerto heroicamente Vara de Rey, se retiran a la segunda línea. En las Lomas de San Juan la defensa es igualmente encarnizada, siendo heridos el General Linares y el Capitán de Navío Bustamante (el cual fallece pocos días después), y los norteamericanos quedan temporalmente detenidos después de haber sufrido 1.600 bajas entre muertos y heridos.

El 2 de julio llegó a Santiago la columna del Coronel Escario, único refuerzo que pudo mandar Blanco a los atacados, pero llegó hambrienta, descalza y sin municiones. En estas condiciones, Cervera, a quien desde el día 24 se ha puesto a las órdenes del General Blanco, recibe de éste la orden de hacerse a la mar, que es reiterada con un urgentísimo que dice: "En vista estado apurado y grave de esa plaza que me comunica General Toral embarque V.E. con la mayor premura tropas desembarcadas de la escuadra y salga con ésta inmediatamente".

A toda prisa, los hombres que habían combatido el día anterior rechazando el ataque de las fuerzas de Schafter embarcaron y se alistaron para salir a la mar.

El Combate Naval de Santiago de Cuba.

Almirante Cervera Contralmirante Sampson
Almirante Cervera (Izquierda) - Contralmirante Sampson (Derecha)

Al amanecer del día 3 de julio, el Capitán de Navío Concas, Comandante del "Teresa", que ejercía las funciones de Jefe de Estado Mayor por ausencia de Bustamante que quedaba moribundo en Santiago, dio cuenta al Almirante de la situación de los buques bloqueadores. De Este a Oeste estaban, casi en arco de círculo, el "Indiana", "Oregón", "Iowa", "Texas" y "Brooklyn". Se trataba de cuatro acorazados y un crucero acorazado. El "New York", con el Almirante Sampson a bordo, se alejaba en aquel momento para ir a conferenciar en Siboney con el General Shafter.

Las disposiciones de Cervera fueron muy breves. Se saldría de puerto a la menor distancia posible, él en cabeza con el "Teresa" y a continuación los “Vizcaya", "Colón", "Oquendo" y los dos destructores. El "Teresa" se lanzaría sobre el buque que tuviera más cerca y los demás deberían seguir hacia el Oeste, sin preocuparse de él y a la mayor velocidad posible. La idea de Cervera era cubrir él, con su buque, la retirada de los demás.

CARACTERÍSTICAS DE LOS BUQUES ESPAÑOLES EN EL COMBATE DE SANTIAGO DE CUBA
Año de
botadura
Desplazamiento
Velocidad
efectiva
Armamento
Dotación
Infanta
Maria Teresa
1890
7.000 tm
16 nudos
2 x 280 mm
10 x 140 mm
8 x 57 mm
8 x 37 mm
8 x 350 mm torpedos
556
Almirante
Oquendo
1891
7.000 tm
16 nudos
2 x 280 mm
10 x 140 mm
8 x 57 mm
8 x 37 mm
8 x 350 mm torpedos
487
Vizcaya 1891
7.000 tm
12 nudos
2 x 280 mm
10 x 140 mm
8 x 57 mm
8 x 37 mm
8 x 350 mm torpedos
491
Cristóbal
Colón
1896
7.000 tm
17 nudos
10 x 152 mm
6 x 120 mm
10 x 37 mm
5 x 350 mm torpedos
567
Plutón 1897
400 tm
26 nudos
2 x 75 mm
2 x 57 mm
2 x 37 mm
2 x 350 mm torpedos
80
Furor 1896
400 tm
26 nudos
2 x 75 mm
2 x 57 mm
2 x 37 mm
2 x 350 mm torpedos
80

CARACTERÍSTICAS DE LOS BUQUES AMERICANOS EN EL COMBATE DE SANTIAGO DE CUBA
Año de
botadura
Desplazamiento
Velocidad
efectiva
Armamento
Dotación
New York 1891
8.400 tm
20 nudos
6 x 203 mm
12 x 102 mm
8 x 57 mm
4 x 37 mm
2 x 350 mm torpedos
652
Brooklyn 1895
9.375 tm
20 nudos
8 x 203 mm
12 x 127 mm
12 x 57 mm
6 x 37 mm
5 x 350 mm torpedos
552
Indiana 1893
10.230 tm
15 nudos
4 x 330 mm
8 x 203 mm
5 x 152 mm
20 x 57 mm
7 x 350 mm torpedos
571
Oregon 1893
10.230 tm
16 nudos
4 x 330 mm
8 x 203 mm
5 x 152 mm
20 x 57 mm
7 x 350 mm torpedos
554
Iowa 1896
11.552 tm
14 nudos
4 x 305 mm
8 x 203 mm
5 x 102 mm
6 x 350 mm torpedos
587
Texas 1892
6.400 tm
15 nudos
2 x 305 mm
4 x 152 mm
12 x 57 mm
6 x 350 mm torpedos
433
Gloucester --- 1888
800 tm
18 nudos
4 x 57 mm
4 x 42 mm
93

A las 9:35 horas el "Iowa" vio al "Teresa" tomando el torno de Punta Gorda y señaló "buques enemigos saliendo" a la vez que disparaba un cañonazo para llamar la atención de todos. El "New York" vio la señal cuando se encontraba ya a cuatro millas de la boca del puerto y regresó inmediatamente para tomar parte en la acción. Todos los buques se dirigieron hacia la entrada de Santiago, y el "Vixen", un pequeño cañonero, que era el que estaba más próximo, se apresuró a quitarse de en medio para no entorpecer la maniobra de los buques mayores. Tan pronto como apareció el "Teresa" fue recibida por el fuego del "Iowa" é "Indiana", seguido por el del "Brooklyn" y "Texas". En pocos minutos fueron barridas sus baterías de 140 milímetros, que no tenían ninguna protección pero, siguiendo el plan trazado, el "Téresa" se lanzó a abordar al "Brooklyn" (insignia del Almirante Schley), quien, para evitarlo, cayó a estribor alejándose la acción y estando a punto de abordar al "Texas". El "Teresa" por su parte, para no ser víctima del espolón del "Texas", cayó a su vez a estribor, corriendo a lo largo de la costa, y al poco tiempo recibió dos impactos de 305 milímetros del "Iowa" que inutilizaron al buque porque le seccionaron la tubería principal de vapor provocando un formidable incendio, el barco se estaba quedando sin movimiento; tenía las cubiertas abarrotadas de muertos y heridos y fuera de servicio las baterías; el Comandante había sido retirado herido y el Almirante, que dirigía personalmente la maniobra, no encontró otra solución que vararlo para que no cayese en poder del enemigo. El "Oquendo", cogido bajo el fuego del "Oregón" y el "Indiana", corrió la misma suerte y fue a varar totalmente inutilizado cerca de donde lo había hecho el "Teresa". El "Vizcaya", aprovechándose de que el "Teresa" le cubrió en los primeros momentos, pudo alejarse un poco más pero fue destruido enseguida por el "Iowa", "Oregón" y "Brooklyn". Los dos destructores fueron aniquilados tan pronto aparecieron en la boca, muriendo el Jefe de la Flotilla, Fernando Villamil. El "Colón", mejor protegido aunque carente de sus cañones principales, pudo resistir más y se alejó bastante hacia el Oeste. Pero al acabarse el escaso carbón de buena calidad que llevaba a bordo empezó a ser cazado por los "Brooklyn", "Oregón", "Texas" y "New York", quedando bajo el fuego de éstos sin poder contestar con eficacia por carecer de su artillería gruesa. En estas condiciones, el Comandante decidió hundir el buque a unas 70 millas al oeste de Santiago abriendo sus válvulas de fondo. A las 13:15 horas el cómbate había terminado, aunque hasta la noche no cesaron los incendios y las voladuras por ellos producidas. La escuadra de Cervera quedó entonces convertida en unos cuantos montones de planchas retorcidas.

batalla de Santiago Cuba

Las bajas españolas en la acción fueron de 323 muertos y 151 heridos, lo que representaba el 24%, pues a causa de las sufridas en tierra, que fueron unas 250, los hombres que combatieron en la mar fueron, aproximadamente unos 2.000. El Almirante Cervera y los demás supervivientes fueron hechos prisioneros y trasladados a los Estados Unidos. Los norteamericanos por su parte no tuvieron más que un muerto y un herido.

¿Quiere esto decir que el tiro de los buques españoles fue muy malo porque sus artilleros tenían poco entrenamiento? Es cierto que tenían poco entrenamiento, pues ya hemos visto las recomendaciones de Bermejo sobre los ejercicios de tiro que Cervera le propuso al tomar el mando de la escuadra, pero refiriéndonos a datos norteamericanos los resultados de los respectivos tiros fueron los siquientes:

Buques
Norteamericanos
Disparos efectuados
de calibre superior al 57
Brooklyn 573
Iowa 317
Oregon 198
Indiana 107
Texas 105
_______Total: 1.300
Impactos Conseguidos
En el Oquendo 62
En el Teresa 29
En el Vizcaya 24
En el Colón 8
En los destructores 25
_______Total: 148
Disparos efectuados de calibre
igual o inferior al 57 = 8.088

Lo que representa el 1,6% de impactos.

Buques
Españoles
Disparos efectuados
de calibre superior al 57
Teresa 30
Oquendo 30
Vizcaya 160
Colón 310
_______Total: 530
Impactos Conseguidos
En el Brooklyn 41
En el Iowa 16
En el Oregon 3
En el Texas 2
En el Indiana 2
_______Total: 64
Disparos efectuados de calibre
igual o inferior al 57 = 1.000

Lo que representa el 4% de impactos.

Es decir, que se da la paradoja de que, pese a la total destrucción de los buques españoles y a la enorme proporción de bajas que tuvieron, su tiro, aunque se realizó en condiciones infinitamente peores con incendios y numerosas bajas en las baterías, fue mejor que el del adversario. La explicación del resultado está, simplemente, en que los buques enemigos estaban fuertemente armados y bien protegidos y los españoles mucho peor armados y sin prácticamente protección. En cuanto al comportamiento de aquellos hombres, desde el Almirante hasta el último marinero, no pudo ser más ejemplar. No es fácil, ni ha sido frecuente en ninguna parte, llevar a tan altos extremos el concepto del deber. Humanamente nadie podía haber hecho más. En España no se les hizo entonces la debida justicia, por que faltó generosidad y sobró soberbia y egoísmo a los verdaderos responsables de aquella catástrofe. Fue el enemigo el que noblemente reconoció el mérito de aquellos combatientes.

El Capitán de Navío Evans, Comandante del "Iowa", al recibir en su buque al Almirante Cervera le saludó con estas palabras: "Caballero, sois un héroe; habéis realizado la hazaña mas sublime de todas cuantas guarda la historia de la Marina". Este mismo Jefe norteamericano, al relatar meses más tarde la llegada de los prisioneros a su buque dice:
    "En el fondo de los botes había tres o cuatro pulgadas de sangre; en muchos de los viajes llegaron algunos cadáveres sumergidos en aquel rojizo e imponente líquido. Estos bravos luchadores, muertos por la querida Patria fueron después sepultados con honores militares, que les tributó la misma dotación del "Iowa". Ejemplos tales de heroísmo, o mejor dicho, de fanatismo por la disciplina militar, jamás habían sido llevados al terreno de práctica, tal como se llevaron a cabo por los marinos españoles"
... y agrega poco después:
    "Con respecto al valor y energía, nada han registrado las páginas de la Historia que pueda asemejarse a lo realizado por el Almirante Cervera. El espectáculo que ofrecieron a mis ojos los dos torpederos, meras cáscaras de nuez, marchando a todo vapor, en pleno día, bajo la granizada de los proyectiles enemigos, sólo se puede definir de este modo: fue un acto español".
¿Qué más pudieron hacer aquellos hombres que provocar tal admiración a sus propios adversarios? Y, sin embargo, antes y después de su sacrificio fueron maltratados por los políticos, verdaderos responsables de aquella situación. El 23 de junio, por ejemplo, el señor Romero Robledo se permitió interpelar en el Congreso al Ministro de Marina con esta frase: "¿Por qué no sale la escuadra? ¿Para qué se han hecho las escuadras, sino para perderse?" "Sólo S.S. (le respondió el Ministro) ha tenido el no envidiable privilegio de lanzar sus censuras contra el digno Almirante, a quien todos aplauden, y para el Gobierno que, reconociendo y utilizando sus especiales aptitudes, le ha autorizado para proceder con aquella libertad que le era indispensable para el mejor acierto... ¿Qué por qué no ha salido y por qué no sale la escuadra? ¡Ah, señor Romero Robledo, cuando esta pregunta se oiga en la escuadra, o en la enemiga, o en Santiago, qué contestaciones se ocurrirán para S.S.!"

Es curioso el observar la obsesión que existía en España por la salida de la escuadra. Parecía como que todo dependía de esta salida. ¿Qué se esperaba de ella? ¿Cabía la posibilidad de qué derrotase a la adversaria y levantase el bloqueo de Cuba? El Gobierno sabía positivamente que esto era imposible. ¿Se trataba simplemente de que cambiase su fondeadero de Santiago por el de la Habana o Puerto Rico? Si esto se hubiese conseguido ¿cual hubiese sido el resultado? El nublado que sobre Santiago se cernía se hubiese trasladado al lugar en donde la escuadra hubiese entrado y la situación hubiese seguido siendo exactamente la misma. Sagasta dijo después que el Gobierno estaba coaccionado por la Prensa y la opinión pública... Si el público creía que la escuadra era capaz de derrotar al enemigo era porque la Prensa con sus reiteradas manifestaciones sobre la incapacidad militar norteamericana y sobre nuestra aplastante superioridad, le había llevado a este convencimiento y ¿por qué consintió el Gobierno estas falsedades de la Prensa, por qué no habló al pueblo, con la verdad como era su más elemental obligación? ¿Por qué aquel empeño en la salida de la escuadra? ¿Se pretendía, en el fondo, un grave desastre militar que justificase la decisión del Gobierno de entregar la isla a los americanos, haciendo caer la responsabilidad sobre los mandos militares, que eran las verdaderas víctimas de los desaciertos de aquél y de los pasados Gobiernos?

¿Qué se pudo hacer entonces? Sobre la base de que el problema no se vio con tiempo en sus verdaderas dimensiones y el Gobierno no proporcionó a la Armada los medios indispensables para cumplir su misión y que, sobre este error de fondo, se cometió el no menos garrafal de enviar a las Antillas una fuerza naval notablemente inferior a su adversaria y cuyo fin en la mar no podía ser otro que el que fue, aún se pudo sacar algún provecho de aquellos desdichados buques y de los hombres de sus dotaciones.

Ante la situación creada no había más que una solución: hundir los buques en la canal del puerto, obstruyendo totalmente ésta y emplear dotaciones y cañones en la defensa de la plaza. 2.000 hombres y 28 cañones de 57 milímetros, más cuatro de 75 (aparte de los de más calibre que pudieran ser emplazados), hubieran sido un serio refuerzo en la defensa terrestre de la plaza, y es muy posible que en el ejército de Schafter hubiera reembarcado, porque, después del ataque del 1 de julio, se había enfriado notablemente su acometividad y, al mismo tiempo, la malaria había empezado a producir estragos entre sus contingentes. Del efecto que esto y las 1.600 bajas del día 1 de julio, había producido, da clara idea el hecho, documentalmente comprobado, de que el día 5 de julio una Junta de Generales convocada por Schafter redactaba un acta en la que se decía: "Nosotros, los que abajo firmamos, somos de opinión unánime de que este Ejército debe ser sacado inmediatamente de la isla de Cuba y enviado a algún punto de la costa de los Estados Unidos... Sabemos que el Ejército no está en condiciones de ejecutar un movimiento hacia el interior".

En la guerra hay que procurar, en todo momento, hacer el mayor daño posible al enemigo. Ordenando la salida de la escuadra se dio gratis al enemigo una resonante victoria y a la vez se redujeron los efectivos de la defensa de la plaza con la que se facilitó también la acción de Schafter. Hundiendo los buques en la canal del puerto hubieran quedado tan hundidos como lo estuvieron después, pero no se hubiera proporcionado una fácil victoria a la escuadra enemiga, que hubiera quedado sin misión al obstruirse el puerto, y al mismo tiempo se hubiera reforzado la defensa con 2.000 hombres más y una gran cantidad de cañones, con lo que es muy posible que el Ejército norteamericano, que estaba muy pegado, hubiera reembarcado. Es muy posible que la guerra no hubiese terminado y que de todas formas se hubiese perdido la isla, pero las circunstancias hubieran cambiado notablemente a la hora, de concertar un armisticio. Es evidente que esta segunda solución hubiera ocasionado al enemigo mayores daños que la primera y que, por tanto, era la mejor, pues aunque las Escuadras no se han hecho para perderlas, como tuvo la desfachatez de decir el señor Romero Robledo en pleno Parlamento, cuando no hay más remedio que perderlas hay que hacerlo en las condiciones en que su pérdida reporte mayores daños al adversario y sacando de ella el mayor partido posible. Los cañones de 57 milímetros de los buques españoles nada podían en la mar contra los acorazados adversarios, pero hubieran sido muy eficaces contra las tropas de Schafter, y las vidas perdidas en el combate naval, sin ninguna contrapartida, hubieran sido mucho más útiles a España defendiendo la plaza y tratando de arrojar al mar al Ejército desembarcado.

Ahora bien, esta decisión, que fue, por ejemplo, la tomada por el Zar con respecto a la escuadra de Sebastopol al iniciarse la guerra de Crimea, no podía ser nunca tomada por el Almirante Cervera, porque un Almirante, y más si está subordinado a otro mando militar como lo estaba Cervera al General Blanco, no puede nunca tomar por sí mismo la decisión de hundir sus buques. Esta decisión debió ser tomada por el Gobierno, que tenía la obligación de conocer la verdadera situación, y, si no lo hizo, incurrió en responsabilidad, aunque nadie se la exigió. Entonces no hubo responsabilidad más que para los mandos militares. A los que tenían el deber de haber proporcionado a España un elemento eficaz para la defensa de sus intereses en Ultramar, a los que consintieron el engaño de que el pueblo fue víctima, a los que pretendieron, por lo visto, que los militares hicieran milagros en Cuba y Filipinas, a ésos... nadie les exigió nada.

La pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Al salir la escuadra de Santiago de Cuba, quedándo reducida a 1.000 hombres la escasa guarnición de la plaza, ésta ya no pudo ser socorrida y la resistencia de Santiago duró hasta el 16 de julio en que capituló. El Gobierno español se apresuró entonces a entablar negociaciones de paz.

Las hostilidades cesaron formalmente el 12 de agosto con la firma del Protocolo de Washington en la Casa Blanca, y la paz se firmó oficialmente el 10 de diciembre en París. España cedía la soberanía de Cuba y Puerto Rico a los Estados Unidos, así como las Filipinas y la Isla del Guam.

En 1899, el Gobierno Silvela vendía a Alemania por 25 millones de pesetas las islas Carolinas.

De esta forma, con el final del lamentable siglo XIX para los intereses españoles, se arrebatan a España los últimos jirones de un Imperio conquistado por derecho de descubrimiento y civilizado a lo largo de cuatro siglos.


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